El verano en esa ciudad era sofocante. Las temperaturas que superan los 38 grados sumadas al alto porcentaje de humedad logran la fórmula para: Odiar el verano.
Al menos en esa ciudad. Aunque en realidad lo que se odia es el calor. Porque verano aquí significa vacaciones. Vacaciones significa no hacer nada o hacer de todo.
Pero en esa ciudad, hacer de todo en verano es difícil y eso es lo que más le molestaba a Sebastián.
Aunque también le molestaban esas personas que, aún en un día como ese (44 grados centigrados de sensación térmica), decían preferir el calor al frío.
Entonces Sebastián tenía dos opciones: U odiar a esa persona o golpearle directamente en la nariz para que entienda la estupidez que estaba diciendo.
Sebastián optaba por la primera. Básicamente porque para vivir en sociedad, tienes que guardarte las broncas y envenenarte por dentro. Si vas por la vida a las trompadas, la gente te mira mal y hay que guardar las apariencias.
Después están los que dicen que guardarse las cosas hace al al cuerpo. Pero Sebastián no cree en esas cosas. A él le gusta sentir de esa manera, intensamente. Y si bien su naturaleza es violenta, prefiere hacer las cosas ilegales dentro de su cabeza, donde nadie puede reprocharle nada.
Sí. La personalidad de Sebastián podría equipararse a la de cualquier malo de película.
Bajo ese pelo castaño, ondulado y sin mucho brillo, se encierra una realidad que no es la realidad real.
Un chico que vive con ojos que ven lo que quieren ver.
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